Mientras que en América Latina la izquierda ha ganado terreno en los últimos años, en la Unión Europea un proceso inverso se está dando. En las elecciones para el Parlamento Europeo del pasado 9 de junio la derecha y particularmente la extrema derecha se han consolidado como las principales fuerzas en el viejo continente.

Las elecciones vinieron a confirmar el auge de la extrema derecha, lo que conllevó a la decisión de convocar a elecciones anticipadas en Francia, a la renuncia del primer ministro belga, Alexander de Croo y obviamente a una preocupación sobre el futuro del proyecto comunitario.

De los 720 escaños del parlamento de la Unión, alrededor de 497 pertenecerán a las agrupaciones de corte conservador o inclusive ultraconservador (derechas). Por su parte, las formaciones socialdemócratas, los verdes y los movimientos llamados anticapitalistas registraron retrocesos en prácticamente todos los países (izquierdas tradicionales).

Con las proyecciones actuales, los socialistas y los verdes sólo lograron 31% de los escaños es decir 223 de los 720 de la Unión. Esto representa un duro golpe en particular a los dos países con mayor peso en la Unión Europea, Francia y Alemania y sobre todo a sus líderes, Emmanuel Macron y Olaf Scholz respectivamente.

En el caso particular de Francia, el candidato ultraderechista del Reagrupamiento Nacional de Marine Le Pen, Jordán Bardella que tiene solamente 28 años, podría ser el futuro primer ministro del hexágono después de la elecciones anticipadas del 30 de junio convocadas por Macron.

En Alemania, por su parte, el partido social demócrata, obtuvo su peor resultado y quedó relegado a un tercer lugar detrás de la derecha y la extrema derecha. Así, la izquierda tendrá 223 representantes y se colocará como la segunda fuerza del parlamento de la Unión Europea.

Sin embargo, a pesar de esta derrota de la izquierda y de los movimientos centristas, los grupos claramente pro-europeos seguirán teniendo una amplia mayoría en el parlamento con los 191 del Partido Popular Europeo, los 135 de los social demócratas y 83 de Renovar Europa, lo que suman 409 escaños de los 720.

Si a estas elecciones, le sumamos la victoria de Meloni en Italia, de Orban en Hungría y el ascenso de otras agrupaciones de extrema derecha en países como Suecia, Portugal, Holanda, y Bélgica entre otros, el viejo continente vira hacia posiciones ultranacionalistas, antiinmigrantes, escépticas los discursos medioambientalistas y dan la espalda a los proyectos sociales.

Frente a este maremoto derechista y de extrema derecha que sacude Europa, en América Latina es la izquierda populista que está ganando terreno.

Tanto en el caso europeo como en el latinoamericano e inclusive mexicano, el discurso nacionalista se vuelve la tónica dominante. En nuestro continente se habla de una vuelta al socialismo, de nacionalizar empresas estratégicas, de robustecer al Estado, es decir, girar al modelo que predominó durante el periodo de la Guerra Fría, cuando los gobiernos autoritarios a nombre de la lucha contra el comunismo, consolidaron regímenes populistas que si bien en un primer momento lograron un crecimiento espectacular como lo ocurrido en nuestro país entre 1952 y 1976 dominado el “milagro mexicano”, posteriormente fue la debacle económica por los gastos excesivos de aquellos gobiernos populistas.

Parece ser que en Europa están optando por la extrema derecha para solucionar los problemas de migración y financieros, mientras que en América Latina estamos recurriendo a un modelo ya desgastado del pasado. Frente a los problemas económicos, sociales, migratorios, no hay una respuesta clara de los gobiernos.

En México se está optando por una vuelta al modelo populista y paternalistas, el cual demostró no ser la panacea para resolver las graves carencias de la sociedad mexicana.

¿Podrán la extrema derecha en Europa, podrán los gobiernos populistas de orientación autoritaria en América Latina, podrá la presidente electa de Morena revertir estas tendencias y no reproducir un Maximato? Más allá de derechas o izquierdas, socialistas o liberales la prioridad de los gobiernos debiera ser la implementación de políticas que atiendan los graves rezagos de viven las sociedades.

El autor es Doctor en Ciencia Política, especialista en política internacional y asuntos regionales y del Medio Oriente. Profesor investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.