El primer bloque de funcionarios nombrados por Claudia Sheinbaum contuvo los indicios de una crisis económica en ciernes por la temeraria posición de AMLO en torno a su empecinamiento por sacar una reforma judicial que, a todas luces, pone en entredicho la certidumbre jurídica que requieren los inversionistas y hasta al régimen democrático que basa su accionar en la división de poderes.

Los nombramientos de Juan Ramón de la Fuente, Marcelo Ebrard, Alicia Bárcena, Rosaura Ruiz y Julio Berdegué sirvieron para ‘apaciguar las aguas’ y sobre todo para mantener la confianza en la virtual presidenta electa, quien salió victoriosa de este primer trance que significa la definición de su primer círculo de colaboradores que la acompañarán en el arranque de su administración.

Si se cumple la palabra del presidente en relación con que él no meterá ‘las manos’ en los nombramientos, entonces veremos saltar a la palestra a Omar García Harfuch, Altagracia Gómez, David Kershenobich, Renata Turrent, Lázaro Cárdenas, Manuel Velasco y hasta Susana Harp; en cambio, si el tabasqueño pretende mantener el control en ciertas áreas estratégicas se verán nombres como Mario Delgado, Martí Batres, Luisa María Alcalde, Ariadna Montiel, Citlalli Hernández y otros miembros del ala radical del morenismo.

En los tiempos del PRI hegemónico, se daba a conocer el gabinete en la víspera de la toma de posesión del presidente entrante y realmente era todo un acontecimiento mediático.

Buena parte de esos miembros del gabinete eran impuestos por el presidente saliente, e incluso, por ejemplo, en el caso de José López Portillo, se enteró del nombre de sus colaboradores cuando entró al salón principal de Los Pinos y al voltear a saludarlos solo alcanzó a decir: ¡Son los mismos! En clara alusión de que él no los había elegido, sino Luis Echeverría.

Ahora, nos sorprendemos de que AMLO pretenda imponer personajes en algunas carteras relevantes como sería el caso de la Secretaría de Gobernación, SEP, Seguridad Pública, Energía, y Bienestar, entre otras y ello de suyo, no sería nada raro en tiempos de un liderazgo hegemónico como ahora es el caso de López Obrador.

De hecho, no sería nada raro que Andrés Manuel pretendiera acompañar a Claudia en el primer tramo de su sexenio, aunque depende de la doctora el grado de influencia que tendrá en la toma de decisiones.

A poco más de tres meses de que tome posesión como la primera mujer presidenta de México y a falta de otros indicadores duros que pudieran esbozar el camino que tomará Claudia Sheinbaum, el perfil de sus principales colaboradores adquiere una relevancia inusitada.

Los nombramientos de los próximos titulares de la Defensa Nacional y la Secretaría de Marina se manejan con pinzas y en el mayor sigilo, toda vez que se requiere ‘tejer fino’ para mantener a los mandos superiores alineados con la nueva Comandante Suprema de las Fuerzas Armadas.

Mientras tanto, continúa la expectativa para ver qué ocurre en las tres canchas políticas de relevancia; la primera, con el segundo bloque de nombramientos que se darán a conocer el próximo jueves; la segunda, la mañanera que sirve para vislumbrar los últimos coletazos del autoritarismo que tienen como su vórtice la reforma judicial y otras que se esperan en los 100 días que le quedan a AMLO como Jefe del Ejecutivo Federal; y la tercera, los estertores de una oposición debilitada, resquebrajada y atolondrada por la apabullante derrota que sufrieron el pasado 2 de junio que ha obligado a un replanteamiento general en el PAN y el PRI sobre sus liderazgos nacionales e incluso, sus principios ideológicos, tras el abandono de las causas más acuciantes de la población.

Incluso, Movimiento Ciudadano, no obstante sus ‘aires’ de triunfalismo, enfrenta la mayor crisis de su historia con la escisión del Grupo Jalisco que comanda el aún gobernador Enrique Alfaro y que no comparte las estrategias de Dante Delgado, Samuel García y Jorge Álvarez Máynez, entre otros, quienes en realidad han abaratado esa franquicia política con frivolidades.

Menuda tarea tiene por delante Claudia Sheinbaum porque debe construir su proyecto de gobierno sobre ruinas, ya que eso de ponerle el segundo piso a la transformación es atractivo en el discurso político, empero en la realidad, tras el fracaso del gobierno de AMLO en tareas de seguridad pública, en el sector salud, educación, energía, sustentabilidad, finanzas públicas, quiebra técnica de Pemex y CFE, pues resulta una tarea titánica.

Lo más grave de todo es que ni ella, ni sus colaboradores, podrán denunciar en voz alta el desastre que encuentren en las dependencias a las que llegan, so pena de cargar los vituperios y descalificaciones de AMLO.