Hay resultados electorales que equilibran y otros que desequilibran. En los últimos tiempos están teniendo más éxito las ofertas electorales que desde los extremos conectan con problemas y agravios no resueltos del pasado.

En México acabamos de ver un caso rotundo donde una propuesta electoral basada en la exigencia de disminución de la desigualdad y una acción redistributiva del Estado ha obtenido una mayoría clara.

Recientemente, también ha habido una serie de votaciones que corrigen la deriva extremista y buscan un mayor equilibrio democrático en naciones que llevaban ya varios años cargando las tintas hacia un lado. Tal es el caso de recientes resultados electorales en países tan diferentes y dispares como la India, Turquía y Polonia.

Narendra Modi tendrá que formar un gobierno de coalición gracias a la emergencia electoral de partidos regionales, Erdogan pierde las 5 principales ciudades de Turquía en manos de la oposición y el liberal polaco Donald Tusk es el primer ministro polaco tras 8 años de dominio del partido ultraconservador.

Resultados electorales como estos son los que buscan equilibrar el barco de las naciones. Recientemente, el presidente Emmanuel Macron ha convocado sorpresivamente a elecciones legislativas para intentar detener el sistemático avance del Reagrupamiento Nacional (RN), el partido de Marine Le Pen que acaba de triunfar en las recientes elecciones europeas.

Los sistemas que tienen la capacidad de hacer estos movimientos dan margen de maniobra a quien está en el poder para tratar de manejar a su favor los tiempos políticos y electorales. El presidente francés redobla su hasta ahora exitosa apuesta por crear un centro más grande que combata la polarización que fortalece a los extremos, tanto hacia la derecha como a la izquierda, poniendo en peligro una conducción moderada y reformista del gobierno.

Con la extrema derecha cada vez más cerca de dominar la política en Francia, Macron hace un movimiento audaz que recuerda lo realizado por Pedro Sánchez en España, quien tras una derrota electoral convocó rápidamente a elecciones generales y por un puñado de votos logró de nuevo ser investido presidente español al unir a los partidos que rechazaban a la extrema derecha.

Macron va a contracorriente de los recientes resultados y de las tendencias que muestran las encuestas, su aspiración consiste en imantar hacia el centro a socialdemócratas y conservadores moderados. En caso de perder las elecciones legislativas anticipadas del 30 de junio y el 7 de julio, podría tener que cogobernar con Le Pen y nombrar primer ministro al joven de 28 años, Jordan Bardella, mano derecha de la líder nacionalista.

Otro presidente que tiene frente a sí un panorama complicado al enfrentar un opositor extremista es Joe Biden. El exvicepresidente de Barack Obama ha seguido los pasos de su exjefe al tratar de subrayar la importancia de situarse en el centro y lograr estar por encima de los partidos.

En un análisis muy interesante de las votaciones de Biden en sus muy largos años en el Congreso estadounidense se demostró que siempre ha buscado colocarse en el centro y nunca en los extremos, lo que le ha permitido agrupar muchas voluntades.

Sin embargo, en los nuevos tiempos, pareciera que esta tendencia natural hacia el centro y a la búsqueda de acuerdos está perdiendo fuerza y cediendo hacia la dinámica centrifuga de los extremos.

El movimiento MAGA (Make America Great Again) que se ha merendado a los republicanos moderados es definitivamente extremo en sus posiciones económicas, sociales, culturales y muy especialmente en las relacionadas con la migración y los derechos reproductivos de las mujeres.

La tendencia y presión son tan fuertes que la propia administración Biden ha sucumbido y ha generado el decreto más duro contra el fenómeno de migración al generar las condiciones para darle un portazo en las narices a quien quiera migrar a los Estados Unidos.

Al mismo tiempo, la candidatura de Biden se debilita dentro de su propio partido, pues quienes se sitúan a la izquierda están muy decepcionados de la posición gubernamental frente a la tragedia en Gaza y su “derechización” en diversos temas, especialmente los concernientes a migración.

En otra elección que puede servir para equilibrar el barco nacional, encontramos el fenómeno de María Corina Machado en Venezuela que, a pesar de ser inhabilitada para competir por la Presidencia, está logrando movilizar la esperanza de la gente contra la dictadura de Maduro, trasladándole todo su capital político al diplomático Edmundo González Urrutia, quien encabeza todos los sondeos. Acá la pregunta clave no es si Maduro perderá la elección, sino si aceptará la derrota (lo más probable es que se la robe y se imponga de nuevo).

El reciente resultado en las elecciones mexicanas desequilibra profundamente el barco, consolidando un poder similar al que tuviera el PRI durante tantas décadas. El debate sobre la probable sobrerrepresentación excesiva en las cámaras es clave para impedir un desbalance que se originaría en las mañas y en la capacidad de tergiversar la voluntad popular. Morena y sus aliados obtuvieron 54% de los votos en el Congreso y se pretenden dar una representación de 74% con argucias legales e interpretaciones que rompen el espíritu de la ley.

El voto de los mexicanos inclinó el barco claramente hacia un lado, ahora Morena quiere ir más allá y darles toda la vuelta a las instituciones nacionales. Mala idea para equilibrar a la patria.