En el ánimo de la opinión pública está presente y abierto a la discusión el tema de la llamada “reforma al Poder Judicial”. Es del que más se habla y opina. Ciertamente se trata de algo de la mayor importancia y gravedad; sin embargo, es otro asunto el que debería acaparar la máxima atención.

Por estos días y hasta finales de agosto, deberíamos estar hablando sobre la sobrerrepresentación que se pretende imponer en la integración de la próxima legislatura de la Cámara de Diputados, en abusivo e inconstitucional beneficio al partido Morena, y no sobre la mencionada “reforma al Poder Judicial”, porque bien resuelto el primer asunto este último sale sobrando.

Fácilmente se advierte que echar por delante ese tema de la “reforma judicial”, como hace el oficialismo a manera de petate del muerto, corresponde a una estrategia de índole mediática y política. Se trata de un mero distractor. Para ocultar el tema de fondo, que no es otro que la intentona, ya señalada, de sobrerrepresentar legislativamente a Morena. De esto, ni más ni menos, se trata.

¿Por qué se afirma lo anterior? Muy sencillo: Porque sin la inconstitucional sobrerrepresentación que se trama, no podrá aprobarse la llamada “reforma al Poder Judicial”. Sin la primera, que es, desde luego, primera en tiempo, jamás pasará la segunda. No se trata del clásico acertijo de qué fue primero, si el huevo o la gallina, según se suele plantear para confundir al interlocutor.

No, obedece a una obvia maniobra estratégica morenista, descubierta apenas unos días después del 2 de junio, cuando la secretaria de Gobernación, sin ser de su incumbencia ni tener competencia en la materia, dio a conocer la que, según ella, será la conformación por partidos de la próxima Cámara de Diputados. Ignorando lo que en torno al punto y de acuerdo a una correcta interpretación del art. 54 constitucional, dispone la Carta Magna para evitar que la relación entre curules y votos vaya más allá del ocho por ciento. Punto que durante muchos años fue bandera de amplios sectores políticos, incluidos los de izquierda. Qué pronto, los de esta tendencia, porque en realidad no son demócratas, se olvidan de lemas, propuestas y consignas. ¡Qué pronto!

La maniobra, conocida como “estrategia del globo”, es relativamente sencilla. Se suelta una propuesta o pretensión para que ascienda por los aires, justo como si fuera un globo. Si éste se eleva sin mayor problema, es decir, sin que nadie le dispare para que se desinfle y caiga, significará entonces que estando a la vista de todos lo que se pretende (en el caso la sobrerrepresentación de Morena en la Cámara de Diputados) sin que nadie la combata, le dé importancia o la vea como un hecho consumado, el autor o proponente (Morena) considerará que prácticamente ha ganado la partida.

Fue precisamente lo que hizo la secretaria de Gobernación, Luisa María Alcalde, al anunciar el número de diputados que tendrán Morena y sus aliados en la nueva conformación de la Cámara de Diputados, facultad que, desde luego, no corresponde a su dependencia sino al INE, y para ejercerla no a principios de junio –como indebidamente hizo Luisa María Alcalde– sino hasta agosto del año de la elección. Para el efecto, la argucia consistió en la aplicación torcida de la fórmula para la asignación de los diputados plurinominales por partidos, y no a éstos según las coaliciones electorales que formaron.

Muy probablemente, Gobernación y su titular observaron una débil, muy tibia reacción de los partidos opositores ante el atraco anunciado. Prácticamente igual a como ocurrió entre la comentocracia. El globo, pues, se va, se va, se va a las alturas.

Para reforzar la estrategia, el oficialismo introdujo con fuerza, con manotazo sobre la mesa y toda la cosa, el tema de la “reforma judicial”. Parece el plan perfecto para hacer factible ambos atracos. La oposición debe reaccionar con energía. Y además cuanto antes, con un plan bien estructurado y preciso.

Cuando la reacción opositora se haga presente, y además sea enérgica y bien coordinada, el escenario se volverá un complejo juego de espejos. Se hará entonces más visible el déficit de dos magistrados electorales que, desde hace más de medio año, registra la Sala Superior del TEPJF. Cuya primera escaramuza ya estamos viendo entre esta sala, el juez de distrito Rodrigo de la Peza y la ridícula solicitud de juicio político contra éste, presentada por la secretaria de Gobernación. Es apenas el principio.