Estamos obligados a hacernos preguntas y reflexionar sobre los resultados de las elecciones que dieron mayoría y continuidad al partido en el poder como no sucedía desde los años ochenta del siglo pasado.

¿Qué pasó? Más allá del lugar común, hay que aceptar que tuvimos una oposición que no jugó unida y que se diluyó en intereses y oposiciones locales frente a un bloque gobernante disciplinado.

¿Qué pasó? Más allá de lo consabido, la 4T contó con su voto duro. La pregunta es: ¿Forman parte del mismo las clases medias de muy diversos niveles de ingresos que votaron por ese proyecto?

¿Qué pasó? Los sectores más populares, de menores ingresos y educación, eran los votos seguros para la continuidad y ¿también los sectores con educación arriba de la media nacional?

¿Qué pasó? 40 años construyendo instituciones que hicieran contrapesos para poner tierra de por medio al autoritarismo presidencialista y pensábamos —al menos yo— que serían valladares no solo de contención, sino impulso para un futuro de fortalecimiento democrático. ¿Qué pasa? ¿Estas instituciones no son significativas para la ciudadanía? O ¿la preocupación por la democracia no es compartida por las mayorías y son otros los “estímulos” que nos mueven?

Abonando a lo anterior, no hubo sorpresas. El anuncio de lo que constituirá el plan del próximo gobierno lo dio López Obrador con toda anticipación: reformas constitucionales que debilitan al Poder Judicial, desaparición de instituciones autónomas, restricciones a la ley de amparo, ampliación de las facultades del Ejecutivo para otorgar indultos y muchas otras iniciativas que concentran el poder en el ejecutivo federal. Pensé que ese conjunto de propuestas jugarían en contra de las candidaturas de la coalición gobernante en las votaciones.

No solo no pintaron, sino que al parecer consolidaron una ruta y a su electorado. Sumado a lo anterior, el actual Presidente incrementa la presencia de las fuerzas armadas en prácticamente todos los ámbitos de la vida nacional, de la seguridad a la construcción de obras de infraestructura y de ahí a la administración de proyectos económicos. El mismo Presidente, que siendo oposición criticó acremente la militarización del país como un riesgo para la vida democrática, hizo de la milicia un sostén fundamental de su gobierno y hereda al siguiente, al menos, una inercia difícil de revertir.

¿Qué pasó? Lo que podría pensarse como puntos en contra, o jugó a favor, o simplemente no jugó en el ánimo del electorado, ni para cambiar de posición, ni para atraer a los indiferentes. Al parecer el significado de la militarización es algo que pesa para ciertos sectores de una generación de salida y poco o nada para las nuevas o para quienes claman poner orden aun a costa del riesgo de restringir libertades.

Así que los fieles guardianes contra la regresión antidemocrática no solo estuvieron ausentes, si no es claro que en las nuevas generaciones su número es escaso.

Con justa razón habrá quien conteste a mis preguntas con el que “la ciudadanía es de quien la trabaja” y efectivamente en política no hay que dar nada por supuesto. No basta pensar que los valores per se convencen al electorado y menos con cuestiones tan “abstractas” como democracia, equilibrio de poderes, libertad, populismo, autoritarismo y menos en una sociedad tan desigual como la mexicana. Cierto que la necesidad gana, pero lo que vivimos no se explica solo por los programas sociales.

Siguiendo con las interrogantes, ¿qué pasó con el atractivo de una “candidatura ciudadana”? Una parte de las oposiciones presumieron contar con ella en el proceso electoral, pero estuvo lejos, tanto por lo que hizo al contacto presencial con la ciudadanía, como en el discurso que solo fue redundante para la población que ya estaba convencida de los “riesgos” de la continuidad de la 4T y no logró ir más allá para impactar a sectores que seguramente terminó en el 40 por ciento del abstencionismo.

Se buscó una candidatura “ciudadana” que no cargara con el lastre del desprestigio de los partidos políticos y que terminó lastrada por los intereses particulares de una coalición cuya estructura apostó por sobrevivir y no por un proyecto alternativo de nación. De manera tal que lo que se vieron fueron diversas campañas inconexas en todo el país.

Mientras, en la campaña de enfrente lo que se vio fue disciplina, lealtad al gran elector y sobre todo cuidado de las clientelas políticas, su base social y su militancia. Respecto de esto último, los anuncios de la conformación del futuro gabinete, así como de los liderazgos de las Cámaras, dan muestra de ello.

¿Qué pasó con las experiencias de las elecciones anteriores? Otra diferencia tiene que ver con los aprendizajes, Morena y sus aliados reconocieron los pobres resultados del 21 y del ejercicio de revocación de mandato del 22, mientras del otro lado hubo quien pensó que se trataban de resultados que marcaban tendencias irreversibles y que nada más había que dejar que las cosas fluyeran o al menos eso fue lo que pareció.

Muchas preguntas, muchas hipótesis y pocas respuestas. Espero que el INE pronto nos ofrezca, como era su costumbre y su obligación, la estadística electoral que nos proporcione insumos para entender a profundidad estas inflexiones. Las oposiciones necesitan ir más allá del sentido común o de la justificación de lo que se dejó de hacer y el futuro equipo gobernante seguramente tendrá que considerar que vivimos en una sociedad que no se entiende bajo los viejos paradigmas.

Posdata

La virtual presidenta electa se apresuró a dar a conocer a algunos miembros de su futuro gabinete y pone el acento en enviar mensajes a los actores económicos internos y externos —que sin duda se hicieron sentir— y se apresura a evitar que posiciones clave estén sujetas al jaloneo ideológico de las militancias. Ya había ratificado al Secretario de Hacienda y ahora arma su equipo para las complejas negociaciones en un entorno geopolítico y económico receloso, en redefinición y proteccionista, hasta aquí, desde mi punto de vista, no hay sorpresas, nadie come lumbre. El próximo jueves seguramente se develarán nombres para la conducción política y para el despliegue de la atención a la cuestión social, los miembros más ortodoxos de la 4T estarán atentos y el resto veremos señales de ánimo de apertura o la aplicación de la vieja máxima: primero la economía ya después vendrán las libertades.