Escuché a López Obrador decir que la política de comercio exterior no le interesa porque “eso no da votos,” a pesar de que más del 88 por ciento del PIB de México depende de ello, lo que pudiera explicar en parte el discreto papel de la Secretaría de Economía durante su gobierno. Al tomar las riendas de esta secretaría, Marcelo Ebrard hereda una larga lista de pendientes, justo cuando el régimen de comercio internacional se ha fragmentado, el proteccionismo sigue creciendo y el mecanismo de solución de controversias de la OMC no funciona adecuadamente, por lo que el sector privado desearía que la transición en esta dependencia iniciara esta semana.

1. En mi entrega anterior analizaba los pendientes más importantes relacionados con el T-MEC y lo primero que requiere de la atención de Ebrard será la implementación de la decisión del panel sobre maíz transgénico y, en caso necesario, apelar el resultado. México insiste en que el decreto no es una medida sanitaria o fitosanitaria, por lo que no está sujeto al capítulo nueve e invoca tres de las excepciones del capítulo 32, tratando de justificar que el decreto se emitió sin argumentos científicos que lo sustenten ni una evaluación de riesgo. Este miércoles y jueves se realizará la audiencia del caso.

2. China es un reto formidable: nuestro déficit superó el año pasado los 104 mil 132 millones de dólares –el mayor que tenemos– y en el primer tercio del año creció 19 por ciento. Las importaciones chinas representaron en el 2023 el 19 por ciento del total y este año rebasarán el 20 por ciento. Ebrard deberá atender tres grandes temas: i) reducir la tasa de crecimiento del déficit comercial para prevenir la pérdida de empleos y reducir el nivel de dependencia económica; ii) elaborar la postura mexicana respecto a la solicitud de China para ingresar al Tratado de Asociación Transpacífico; y iii) regularizar el registro de la inversión directa china, tema que será parte de la revisión del T-MEC. Las políticas de comercio e inversión del nuevo gobierno deben ser congruentes con las restricciones a la inversión de Estados Unidos y Canadá y existe ahora la oportunidad de lidiar con China, con una perspectiva regional.

3. Hay que rescatar la relación con la Unión Europea para diversificar nuestros mercados. Desde que en marzo del 2022, López Obrador llamó “borregos” a los parlamentarios europeos, se congeló el proceso de aprobación del nuevo tratado –cuya negociación concluyó en abril del 2020– y se generó un ambiente negativo hacia México, que prevalece. La Unión Europea ofrece muchas oportunidades sin explorar, lo que se tradujo el año pasado en un déficit de 41 mil 236 millones de dólares, que en el primer cuatrimestre del año creció 19 por ciento. Y no se puede seguir postergando la solicitud de la Comisión Europea para tener acceso a nuestro litio.

4. Ebrard tiene que asignar a un equipo capaz para participar activamente en las negociaciones en la OMC derivadas de la última Conferencia Ministerial, sobre todo en la elaboración del nuevo mecanismo de solución de controversias y en la conclusión del protocolo sobre comercio electrónico. El cierre de la oficina de representación en Ginebra ocasionó que México perdiera mucha de la influencia y espacios ganados desde 1995 en ese organismo.

5. Hay que retomar la negociación del TLC con el Reino Unido, después de que Rishi Sunak anunciara en octubre su decisión de posponer las negociaciones con México y Canadá hasta concluir un acuerdo con el gobierno de Biden. Por su parte, el sector privado británico, dijo estar frustrado con el paso “excesivamente lento” de las negociaciones con México. Desde el siglo XIX, el Reino Unido ha sido uno de los principales inversionistas extranjeros en México, teniendo en la actualidad un comercio total superior a los 5 mil 700 millones de dólares, aunque el superávit que tuvimos el año pasado, de 179 millones de dólares, se transformó en abril en un déficit de 43 millones. Se espera una derrota de Sunak en las elecciones del cuatro de julio, lo que pondría el futuro de este TLC en manos del nuevo parlamento y del nuevo primer ministro.

6. Finalmente, hay que elaborar una sólida estrategia para atraer Inversión Extranjera Directa (IED). El descrédito de México como destino de la IED se ha reflejado en el aumento de su índice de riesgo político y en que el gobierno haya recurrido a los anuncios de compromisos de inversión para distraer la atención en el desplome en los montos destinados a nuevos proyectos. Este es un tema medular que requiere del apoyo de otras dependencias.