Entre las reformas constitucionales que se discutirán en el Congreso en septiembre, está la de acabar con la reelección de un ciudadano que desempeñe un cargo de representación popular con excepción del presidente y gobernadores, que se aprobó en 2014 y que muchos de los legisladores federales actuales gozan de ese privilegio que se había desterrado de la política como una conquista de la Revolución Mexicana.

Esta es una iniciativa de la virtual presidenta electa y que, no obstante que algunos de los legisladores de Morena, PVEM y PT gozan de este privilegio, tendrán que apoyar con todo la propuesta de Claudia Sheinbaum, so pena de ser acusados de traicionar el movimiento.

En estricto sentido y para ser congruentes con lo deseado por Sheinbaum, sería loable que, por ejemplo, los 19 senadores de Morena que fueron reelectos y que gozarán de los privilegios de este cargo, deberían renunciar y con hechos respaldarla.

Así, Citlalli Hernández, Félix Salgado Macedonio y Ana Lilia Rivera, entre otros senadores, deben dimitir de inmediato para ser congruentes y fieles al movimiento que dicen representar.

La no reelección se ha viciado y ha permitido que personajes non gratos se enquisten, principalmente en el Poder Legislativo, bajo la figura plurinominal, lo que significa que no tuvieron el respaldo popular para alcanzar un escaño o una curul en el Congreso federal.

En el caso de los alcaldes es diferente, toda vez que ellos todos los días tienen que mostrar su valía ante los electores y merced a su trabajo cotidiano, son premiados con la reelección.

Sufragio efectivo no reelección reza el apotegma de los gobiernos posrevolucionarios, sin embargo, con la reforma de 2014 se comenzó a fraguar el camino para eventualmente permitir la reelección del mismo presidente de la República y de los mandatarios estatales.

Por fortuna, esa pretensión del continuismo se ha frenado de golpe gracias a la iniciativa de Claudia Sheinbaum y que no tendrá ningún escollo en el Congreso, para eliminar la reelección para cualquier cargo de representación popular.

La reforma política-electoral de 2014 introdujo la reelección tanto a nivel federal para legisladores como a nivel local para legisladores y munícipes, con lo que se convirtió en un cargo sumamente “apetitoso”, sobre todo en el Senado, ya que podrán estar en ese cargo por 12 años.

O por qué cree, estimado lector, que Alejandro ‘Alito’ Moreno del PRI, Marko Cortés del PAN y Jesús Zambrano del PRD, se agandallaron la primera posición en las listas de plurinominales para el Senado, pues para seguir mamando del presupuesto público, por los siguientes doce años, sin hacer campaña y sin la necesidad de que la ciudadanía los respalde con sus votos.

A estas alturas del partido, todavía hay ilusos que no se explican la derrota de la oposición en los pasados comicios del 2 de junio, cuando deberían considerar que los opositores estaban sentados en un barril de pólvora conformado por la partidocracia representada en estos tres personajes de dudosa reputación y capacidad de convocatoria para ganar una elección presidencial.

La estela de derrotas electorales que acarrean estos dos próximos senadores y uno que se quedó en el camino por la extinción del PRD, es enorme a tal nivel que ha comprometido su existencia, principalmente del PRI hacia el futuro.

Dice la virtual presidenta en torno a la no reelección, que es un principio que viene de la Revolución Mexicana, que fue modificado durante el neoliberalismo. “No debe haber reelección a ningún cargo de representación popular a partir de la siguiente elección presidencial del 2030″, por lo tanto, se acabó la beca del continuismo para los diputados y senadores.

Entre las promesas de campaña de la presidenta destaca también la propuesta de desaparecer los plurinominales, con lo que en la Cámara de Diputados federal se quedarían tan solo 300 diputados en lugar de los 500 que conforman a ese órgano deliberativo en la actualidad y la colegisladora se integra por 128 senadores, 64 de ellos electos por el principio de mayoría relativa, 32 por el principio de primera minoría y 32 por el principio de representación proporcional.

Ella ha criticado que el sistema de plurinominales es nocivo porque muchos de esos diputados y senadores que fueron elegidos bajo esta fórmula no regresan a sus comunidades para rendir cuentas y se perciben como una representación no auténtica del pueblo.

Tiene razón, aunque debe diseñarse un mecanismo para que las minorías tengan representación, voz y voto en el Congreso federal.