Los primeros cinco nombres del gabinete de Claudia Sheinbaum son peso completo. Desentona la presentación de Ernestina Godoy como consejera jurídica de la Presidencia, aunque se puede explicar como parte de las negociaciones en Palacio Nacional y los reacomodos que tuvo que hacer la virtual presidenta electa para salir lo mejor librada posible de este primer ejercicio de separación de Andrés Manuel López Obrador.

El origen de lo que vimos ayer fue en mayo del año pasado, cuando López Obrador le entregó un decálogo a los aspirantes a la candidatura presidencial, donde incluyó dos puntos específicos sobre el gabinete: que hubiera paridad, lo que hasta este momento está equilibrado –la Consejería Jurídica de la Presidencia es considerada parte del gabinete–, y que para dar continuidad al proyecto se incorporara al mayor número posible de propuestas de López Obrador.

El caso más claro del cumplimiento del decálogo como primer requisito para ser candidata fue cumplido por Sheinbaum con la designación de Alicia Bárcena, actual secretaria de Relaciones Exteriores, como próxima secretaria del Medio Ambiente. Bárcena ocupará una cartera más acorde con su vocación y experiencia –fue la primera subsecretaria de Ecología cuando se creó la Secretaría de Desarrollo Urbano y Ecología en el gobierno de Miguel de la Madrid, y durante más de dos décadas trabajó proyectos de desarrollo sostenible–.

Bárcena necesita la plataforma que le ofreció López Obrador y refrendó Sheinbaum, porque aspira ser secretaria general de las Naciones Unidas, cuando se ponga en juego el cargo que ocupará António Guterres hasta enero de 2027. El cargo de canciller se lo dejará a Juan Ramón de la Fuente, quien por instrucciones de López Obrador fue nombrado por Sheinbaum como el coordinador del equipo de transición. La orden del Presidente añadía la sugerencia de que sería el indicado para armar el gabinete.

Sheinbaum había encargado los perfiles de posibles secretarios de Estado a la empresaria tapatia Altagracia Gómez, a quien también le pidió establecer contacto con los equipos de campaña del presidente Joe Biden y el expresidente Donald Trump, y aunque la llegada de De la Fuente desde la campaña, donde fue responsable de organizar los Diálogos por la Transformación, no le gustaba a Sheinbaum, fue acomodándose a trabajar con él y viendo que no le restaba, sino que le sumaba por su prestigio y respeto de sus interlocutores.

A estos dos miembros del gabinete impulsados por López Obrador se puede sumar el nombramiento de Marcelo Ebrard en la Secretaría de Economía. Su caso es más transparente. Desde que estableció las reglas para la contienda por la candidatura presidencial, adelantó que los perdedores irían a coordinar las bancadas de Morena en la Cámara de Diputados y el Senado, y el restante se integraría al gabinete. Adán Augusto López, quien defenderá los intereses políticos de López Obrador, estará en el Senado, y Ricardo Monreal en el Congreso, donde Sheinbaum tuvo que bajar a Alfonso Ramírez Cuéllar, quien ya estaba preparando su llegada a San Lázaro.

Sheinbaum tampoco pudo entregar la Secretaría de Educación a Rosaura Ruiz, amiga y colega de muchos años, que la acompañó en el gobierno de la Ciudad de México y ya había estado trabajando de manera extraoficial con la dependencia, donde fue quien persuadió a la actual secretaria, Leticia Ramírez, de que México no podía estar al margen de la prueba PISA. Hasta hace dos semanas ese era el destino de Ruiz, pero todo se tuvo que ajustar para dejar la cartera de Educación para que el Presidente pague compromisos realizados durante la campaña. El diseño original de Sheinbaum era que Educación absorbiera el Conahcyt, pero en el reacomodo anunció a Ruiz como secretaria de una nueva dependencia, Ciencias y Humanidades, que absorberá la educación superior.

La Secretaría de Agricultura no fue una cartera contenciosa entre López Obrador y Sheinbaum. Al Presidente no le interesaba el campo y dejó a su entonces consejero jurídico, Julio Scherer, nombrar al titular, quien llegó por su relación personal con el exfuncionario. Sheinbaum decidió hace tiempo que Julio Berdegué, que coordinó el eje de desarrollo rural y soberanía alimentaria de su programa de gobierno, sería el titular de Agricultura.

Berdegué es una de las joyas del bloque de secretarios de Estado que anunció. Primo de unos exitosos empresarios de Mazatlán y de Imanol Ordorika, que fue uno de los tres líderes más importantes del movimiento del Consejo Estudiantil Universitario –donde Sheinbaum era una líder de segundo nivel– que paró de cabeza a la UNAM en 1987, tiene una carrera distinguida en México y el mundo en el desarrollo agrícola, y fue el representante de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, la FAO, de 2017 hasta que se sumó al equipo de Sheinbaum, hace alrededor de un año.

La sorpresa en el primer bloque del gabinete fue Godoy, fiscal de la Ciudad de México bajo el mando de Sheinbaum, y que ha sido su incondicional. Desde que preparaba su gabinete para el gobierno capitalino, pese a las objeciones que le hizo el equipo que diseñó la arquitectura de la nueva fiscalía, la nombró y la respaldó para que la ratificaran, lo que no sucedió. Ese puesto había sido el que le pidió Arturo Zaldívar al Presidente cuando lo envió a la campaña de Sheinbaum, para operar la reforma al Poder Judicial, pero la candidata triunfante logró llevar a Godoy, preparándola para que en unos dos años remplace al fiscal general, Alejandro Gertz Manero.

Zaldívar, aunque no era del agrado de Sheinbaum, era una imposición del Presidente pero también le era funcional. La mayoría calificada en el Congreso y la posibilidad de tenerla en el Senado cuando se vote en septiembre, de acuerdo con el esquema original que propuso, le quitó fuerza. Qué tanta, en el entendido de que su principal apoyo es López Obrador para un objetivo específico, no se podrá saber hasta que sea nombrado otro bloque del gabinete el próximo jueves.