En democracia, cuando los electores le dan un mandato amplio al gobierno, a través de un voto popular  mayoritario  en el  ejecutivo y el legislativo, las minorías no podemos sorprendernos de que no nos consulten las decisiones.

Eso es  lo que está ocurriendo con los planes de reformar al Poder Judicial, que se validaron a través de una consulta popular. Realmente la consulta es innecesaria, por el mandato amplio que el voto le dio a Morena el 2 de junio.

Los 15 y medio millones de votantes que emitimos  sufragio a favor de la oposición, somos suficientes para fundar un  país. Claro, tenemos algunos retos de coordinación. Vivimos en distintos lugares. Además, las leyes de México no consideran ese tipo de escisiones. En distintos lugares y épocas, incluido México, las minorías inconformes, pero con recursos, han pensado en separarse. Normalmente, eso no ha salido bien. Cuando esas cosas ocurren, hay violencia y costos humanos. Bueno, peor que la de hoy, que no es poca.

Ahora bien, en México, hay gente muy rica, que apoya al gobierno morenista. Me he encontrado desde idealistas de la justicia social, hasta gente que dirige industrias gigantescas, pero que dependen del poder público. Los grandes empresarios de México no han dicho nada respecto a las políticas de gobierno de los últimos seis años, porque saben, y hay antecedentes, de gobiernos autoritarios en la historia de México que le quitan concesiones y negocios a los empresarios que cuestionan al régimen.

La gente dueña de capitales medianos y pequeños, en el sector formal, son quizás la minoría más inconforme. Le afectan  reformas como las del mercado laboral en este sexenio, o el menor gasto en infraestructura en lugares que no son el sur del país. Tienen que pagar impuestos sin una contraparte en servicios públicos. A esos microcapitalistas les preocupa que haya cambios en el juicio de amparo y en la elección de magistrados y ministros del Poder Judicial, pero no alcanzan todavía a ver lo que eso implica para ellos.

La gente  pobre, que depende del mercado laboral, que nunca han tenido servicios públicos buenos, ni de transporte, ni de salud, ni de asistencia social, están muy contentos con Morena. El gobierno morenista ha tenido la astucia de mover  subsidios rurales, que ya no le traían votos al PRI, y convertirlos en dádivas para esa gran mayoría urbana de descastados.

Como lo he dicho en otras entregas, yo no podía creer en las encuestas, y la elección fue una dosis de realidad necesaria. El jueves anterior a la elección, estaba en clase en el Tec, en Puebla, revisando los datos recién publicados de la encuesta nacional de ocupación y empleo del INEGI, y ahí me cayó el veinte de que Sheinbaum ganaría la elección.

No son solamente las dádivas. Hay más empleo, la informalidad se mantiene  constante, y los salarios son más altos. Hemos crecido poco, nuestra atracción de inversiones extranjeras por relocalización desde China es baja, y  la inversión fija bruta podría ser mayor, pero todos esos problemas solo le preocupan a los capitalistas medianos y pequeños que son  formales.

El desequilibrio fiscal, de casi 6 por ciento del PIB, hace probable que haya una crisis. Nadie puede predecir en qué momento va a ocurrir. Ayer, los datos que publicó el INEGI sobre crecimiento, indican que la principal palanca es el consumo interno.

La economía mexicana se levanta jalándose las cintas de las botas. A ver cuánto tiempo nos dura la levitación.