Estados Unidos y China pelean por los semiconductores. La futura presidenta Claudia Sheinbaum quiere que México entre a la producción de esos chips. ¿En qué parte de México los quiere? ¿Qué fabricará el resto del país?

Planear eso se llama “política industrial”, una estrategia conocida por economistas, pero olvidada por el resto de la población, que dejó de escuchar el término desde hace como 20 años, hasta hace poco. Los presidentes se dedicaron más a reaccionar sobre la marcha, en lugar de planear sensatamente lo que producen los mexicanos.

Ahora lo menciona frecuentemente Altagracia Gómez, la joven empresaria y asesora de Sheinbaum, quien defiende la necesidad de un proyecto estructurado para la economía.

Si a la futura administración le sale el plan contenido en el texto “100 Pasos para la Transformación”, que formó parte de la estrategia de campaña de la candidata a la presidencia por Morena, la gente de la península de Baja California tendrá todo el apoyo federal para convertirse en proveedora de la cadena de suministro de chips útiles para sus smartphones, su coche y el resto de los electrónicos.

“Debe darse prioridad a obras estratégicas de infraestructura en 10 corredores industriales del país”, advierte la próxima mandataria en esa iniciativa.

El “Corredor Baja” incluye a Baja California, Baja California Sur, Sonora y Sinaloa y la vocación prevista para esa región es la de “semiconductores, generación de energía renovable, turismo y agricultura”, de acuerdo con el documento firmado por Sheinbaum.

También, cerca de la vanguardia tecnológica estarían los ciudadanos del Corredor Bajío: Querétaro, Guanajuato, San Luis Potosí y Aguascalientes, para los que les preparan un enfoque automotriz, aeronáutico y de turismo, amén de destacarlos como sede de centros de datos, como el recientemente inaugurado por Microsoft.

El Corredor AIFA incluye la Ciudad de México, el Estado de México e Hidalgo. Ahí el gobierno apoyará los sectores de dispositivos médicos y de la industria químico farmacéutica, logística, manufactura especializada, servicios, alimentos y bebidas. El Corredor Frontera, de Chihuahua, Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas mantiene una vocación de autopartes, manufactura y agroindustria.

Importante por lo que representó para las campañas políticas de López Obrador y de su próxima sustituta es el sureste nacional.

En el plan de 100 Pasos para la Transformación, Sheinbaum identifica esa región como el Corredor Maya, compuesto por los estados Yucatán, Chiapas, Tabasco, Campeche y Quintana Roo, enfocado en los sectores de servicios, turismo, energía renovable, agroindustria, alimentos y bebidas.

La reciente llegada de agricultores menonitas procedentes de Chihuahua elevó la producción de insumos agrícolas en Campeche, que atiende a procesadores de alimentos en Yucatán, en donde se instalaron Kekén, Bachoco y Grupo Modelo, que se sumaron a empresas locales como La Anita. Heineken y Mission Foods ya anunciaron su próximo arribo, ante el creciente consumo de Cancún y la Riviera Maya, que ya es toda una zona metropolitana.

Buenas noticias. Es inevitable encontrar ciertas coincidencias entre el proyecto de Sheinbaum y el del INADI, Instituto Nacional para el Desarrollo Industrial y la Transformación Digital, dirigido por Arturo Oropeza, de la UNAM.

Publicó un documento llamado Transformación Digital y Política industrial, que fue respaldado en diciembre por las empresas más grandes del país a través del Consejo Coordinador Empresarial, el CCE. Parecería que gobierno e industria podrían entenderse con cierta facilidad.

Un sector que no incluye ninguno de los dos documentos es el espacial.

Su omisión significa una grave distracción nacional, al menos. Implicaría la inexistencia de Uber o de Waze y Rappi y cientos de herramientas que hoy usan empresas de logística y seguridad, amén de otras tantas que pueden indicar en dónde hay lluvias y en dónde no, para estimar las mejores cosechas del año entrante.

Evidencia que no estamos atentos del destino de las mayores fortunas personales del mundo y de una realidad de decenas de lanzamientos de cohetes por mes. Ahí ya hay una industria de casi 700 mil millones de dólares anuales, de acuerdo con la consultora McKinsey.