Los resultados de las elecciones del domingo 2 de junio fueron sorpresivos para todos y obligan a una reflexión profunda, quizá de años, para aproximarnos a entender el nuevo comportamiento del electorado.

Si alguien les dice que ya lo entiende todo y se dispone a explicar el porqué, no lo lean.

Preguntas hay muchas, como la que me hicieron unos amigos de Estados Unidos, con actividades profesionales por completo ajenas a la política:

-¿Por qué los centroamericanos y sudamericanos, que arriesgan sus vidas para llegar a EU, en sus países votan por gobiernos que los hacen emigrar, o no votan?

Para no ir más lejos, veamos el caso de la votación de mexicanos en el exterior. Ganó Claudia Sheinbaum por seis puntos porcentuales a Xóchitl Gálvez.

Noventa y un mil 510 votos para Claudia y 86 mil 518 para Xóchitl.

Con la información disponible del INE, escasa y desordenada, sabemos que Xóchitl ganó en París, en Madrid y en Montreal.

La reportera Diana Benítez rastreó los datos y los publicó el viernes en EL FINANCIERO, hasta donde le fue posible por el desorden en el INE en lo que se refiere al voto de mexicanos en el exterior.

La conclusión es que el triunfo de Sheinbaum entre los mexicanos que viven en el extranjero se fincó en Estados Unidos.

Salvo en San Diego y Washington –donde triunfó Xóchitl–, Claudia ganó en Atlanta, Chicago, Dallas, Fresno, Houston, Los Ángeles, New Brunswick, Nueva York, Oklahoma, Orlando, Phoenix, Raleigh, Sacramento, San Bernardino, San Francisco, San José, Santa Ana y Seattle.

La diferencia de votos entre una y otra candidata, en el exterior, fue menos contundente que en México, pero el triunfo de la candidata de Morena en Estados Unidos es sorprendente.

¿Por qué los mexicanos que dejan su tierra para vivir en un país cuya prosperidad se basa en su sistema económico y en el respeto a la ley, votan para que en México gane la opción exactamente contraria?

No votaron por la candidata que garantizaba un modelo más próximo al de Estados Unidos, con ley, apertura a la inversión privada, nacional y extranjera.

Lo hicieron mayoritariamente por la candidata del partido que pone trabas a la inversión, anula la independencia judicial, y sus simpatías están con gobiernos enemigos del sistema estadounidense.

No hay que descalificar su decisión, sólo es necesario entender por qué.

En los sexenios anteriores la migración de mexicanos al exterior se había reducido de una manera notable. Ahora, en el actual gobierno, con la violencia y el freno a la economía, se disparó como nunca.

¿Por qué votaron por la continuidad?

Eso de que “el pueblo vota la izquierda” es cuento.

En las elecciones de Estados Unidos el votante latino, que en abrumadora mayoría (66 por ciento) es de origen mexicano, ahora está mayoritariamente con el ultraderechista Trump.

De acuerdo con la más reciente encuesta realizada por The New York Times y Siena College, el presidente Biden continúa perdiendo apoyo entre los votantes latinos, y un número cada vez mayor de esos votantes dice que es más probable que vote por el expresidente Donald Trump.

Trump supera a Biden entre los votantes hispánicos con un 46 por ciento contra un 40 por ciento.

Señala el NYT que “pocos observadores habrían predicho este tipo de apoyo a un expresidente que, cuando lanzó por primera vez su candidatura a la Casa Blanca hace casi una década, afirmó que muchos inmigrantes mexicanos eran violadores y criminales”.

Y ahora, en su campaña por el regreso a la Presidencia, ha prometido la intervención armada directa en México.

En concreto: los votantes mexicanos en EU optaron mayoritariamente por la izquierda de Claudia Sheinbaum.

Y en Estados Unidos en su mayoría prefieren a la ultraderecha de Donald Trump.

Quien ofrezca interpretaciones ligeras de lo que ocurrió en la elección en México (marcada por la ilegalidad del Presidente y el uso partidista de los programas sociales, que por sí solos no explican la diferencia de 20 millones de votos), no es confiable.

Lo mismo en el caso del comportamiento de los votantes mexicanos en Estados Unidos, para los comicios de acá y de allá.

Por lo que toca al periodismo, tal vez sea posible encontrar algunas respuestas con buen trabajo de reporteo, ese que gasta las suelas de los zapatos, cruza datos, que escucha, que da voz a intelectuales serios que tratan de aproximarse a la verdad y no a la fama.