Ayer, durante la comida del Día del Padre, tuve la oportunidad de compartir con mi familia cercana y extendida, entre ellos, el hermano de mi concuño, Sergio Toporek, un renombrado artista gráfico. Sergio es autor de numerosas obras, incluyendo uno de los mejores documentales sobre propaganda que he visto, “Beware of Images”. Además de ser un genio gráfico, Sergio es un estudioso del comportamiento humano.

Durante la conversación, se produjo uno de esos momentos típicos en reuniones familiares: surgió una controversia sobre algún tema, como el nombre de un autor, un actor, una canción o una película. Mientras algunos comensales acudieron a Google para resolver la duda, yo opté por consultar ChatGPT, y resultó que mi búsqueda fue la correcta, no la de Google.

Este evento provocó un cambio en la percepción de los presentes. Algunos descargaron ChatGPT en sus teléfonos, mientras otros me preguntaron sobre el funcionamiento de la inteligencia artificial. En general, fue un momento revelador en el que todos comprendieron lo que muchos jóvenes ya saben: la forma de investigar ha cambiado para siempre.

En este contexto, el reciente anuncio de Apple en la Conferencia Mundial de Desarrolladores (WWDC), el 10 de junio de 2024, sobre la integración de ChatGPT en sus dispositivos, ha causado un gran revuelo en el mundo tecnológico. Según Apple, esta colaboración busca mejorar la experiencia del usuario mediante la inteligencia artificial, enfatizando que la integración será opcional y priorizando la privacidad. Un movimiento que extrañó a varios dentro de la industria, ya que Apple se caracteriza por cuidar unilateralmente la privacidad de datos de sus usuarios, lo que veladamente es una validación del uso de datos por parte de OpenAI.

Elon Musk, conocido por sus opiniones controvertidas y su influencia en el sector tecnológico, no piensa lo mismo y ha expresado su descontento. Musk ha amenazado con prohibir el uso de dispositivos Apple en sus empresas si Apple implementa esta integración de ChatGPT a nivel del sistema operativo. Además, ha sugerido que los visitantes de sus compañías deban dejar sus dispositivos Apple en una jaula de Faraday, subrayando así su preocupación por la privacidad y la seguridad de los datos.

El descontento de Musk también está motivado por su sentimiento de traición hacia Sam Altman y OpenAI. Musk fue uno de los primeros en creer en la empresa, invirtiendo 100 millones de dólares de su propio dinero en 2015. Sin embargo, a finales de 2017, ante la negativa de los fundadores de OpenAI de darle un papel más preponderante, se produjo la ruptura. La situación empeoró cuando Microsoft invirtió mil millones de dólares en OpenAI, lo que implica que la integración entre iPhone y ChatGPT podría interpretarse como una alianza entre Apple y Microsoft. Lo que más debe molestar a Elon Musk es que él puso el dinero para que OpenAI sobreviviera en su primera etapa, y hoy son Microsoft y eventualmente, Apple, los que se benefician de eso.

Más allá de las emociones, esta situación resalta la creciente tensión entre la innovación tecnológica y la privacidad de los datos. Desde una perspectiva empresarial, la capacidad de manejar y proteger los datos se ha vuelto crucial. La digitalización y el uso de la inteligencia artificial no solo transforman la experiencia del usuario, sino que también alteran la forma en que las empresas operan y compiten. En este contexto, el manejo adecuado de la inteligencia de negocios y la capacidad de adaptarse a las nuevas tecnologías son habilidades esenciales tanto para ejecutivos como para empleados.

En términos de impacto financiero, los anuncios de Apple han generado volatilidad en el mercado de valores. La integración de ChatGPT promete beneficios a largo plazo en términos de innovación y competitividad, pero también enfrenta resistencia y escepticismo de figuras influyentes como Musk. Esta dinámica refleja la complejidad y el ritmo acelerado de las transformaciones tecnológicas actuales, donde las decisiones empresariales pueden tener amplias repercusiones sociales y económicas. El mundo está cambiando para siempre, y debemos decidir si seremos actores o espectadores.