Presidente Barack Obama

Como el político del Partido Demócrata más popular y con mayor prestigio entre sus correligionarios, tiene usted un compromiso con la historia: salvar la democracia y las alianzas internacionales que serán derrumbadas con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca.

Usted es el amigo político más cercano y con mayor ascendiente del presidente Joe Biden, quien ganó las primarias de su partido este año y, por tanto, tiene el compromiso de cerca de 4 mil delegados de ungirlo candidato oficial durante la próxima Convención Nacional Demócrata, del 19 al 22 de agosto próximo en Chicago.

Quién mejor que usted para, de una manera discreta o pública, lo ayude a tomar la decisión de renunciar a la candidatura de su partido, liberar a los delegados y dar lugar a una convención abierta que infundirá ánimo a los electores demócratas, especialmente a los jóvenes y a las mujeres. Abrigaría esperanzas para frenar a Trump en su intentona de reelección.

Usted ha sufrido como nadie la llegada al poder de Donald Trump en 2017. Se encarnizó con todos y cada uno de sus legados, incluyendo el más importante programa social desde Lyndon B. Johnson, el Obamacare o reforma de salud. No pudo destruirlo completamente, pero sí hizo añicos su más importante negociación internacional, el acuerdo nuclear con Irán.

Trump acabó con el sueño que representaba su Casa Blanca: un Estados Unidos posracial. Derrumbó su apuesta por un país tolerante y plural, una gran aldea global con espacio para negros, latinos, asiáticos y la comunidad LGBTQ+.

Donald Trump es el reverso de su moneda como líder de Estados Unidos: de la prosa virtuosa a la afrenta trapera; de la genuina búsqueda del punto medio al populismo nacionalista y vengativo.

Usted encontró en Joe Biden a un extraordinario vicepresidente. A diferencia de la relación entre Biden y su vicepresidenta, Kamala Harris, usted le abrió espacios y lo hizo su confidente. Él le respondió con la misma moneda. Su sabiduría y experiencia de más de tres décadas en el Senado fueron una brújula para su presidencia.

Salvar el legado de Biden es fortalecer muchos de sus ideales, como su agenda sustentable. La gran transformación en energías limpias de su ex vicepresidente se compara en ambición con su reforma de salud: despeja el futuro para las próximas generaciones.

La actuación del presidente Biden en el debate de la semana pasada, la peor en la historia de cualquier candidato, le pavimenta el regreso a Trump a la Oficina Oval. No hay escusas que valgan. Jet lag de sus viajes a Europa o el “todos tenemos una mala noche”.

La actuación de Biden confirmó la narrativa republicana de campaña: un hombre senil no puede estar al frente de la oficina más poderosa del planeta. El equipo de Trump no tendrá que molestarse en idear comerciales de campaña. Sólo repetirán el video del debate.

El Partido Demócrata tiene la posibilidad de mostrar que no está secuestrado por un líder obstinado y ególatra, como es el caso del Republicano.

Señor presidente Obama, estoy convencido de que la coyuntura actual le abre la posibilidad de mejorar su legado. Su búsqueda de consensos políticos y rechazo a la confrontación lo llevaron a dejar de tomar decisiones que distancian al estadista del líder.

No atacó a Bashar al Assad, de Siria, cuando cruzó la raya roja que usted señaló de utilizar armas químicas contra su propia población. Tampoco impuso a su último nominado a la Corte Suprema de Justicia, el ahora procurador de Justicia, Merrick Garland, cuando sorpresivamente murió el titán conservador Eduard Scalia. Por eso, la actual Corte Suprema está acabando con la tolerancia social y pavimentando la dictadura Trump 2.0.

Como bien dice Bill Gates, el gran empresario convertido en filántropo, “los líderes son aquellos que impulsen a otros”.