Ante la ley hay un guardián de la puerta. Hasta este guardián llega un hombre y pide entrar. El guardián dice que ahora no puede permitirle la entrada.

Hace cien años murió en Kierling, Austria, el escritor Franz Kafka. Es recordado por sus novelas: América, El proceso y El castillo y sus cuentos: “La transformación”, “El artista del hambre”, “La construcción de la muralla China”.

(En México asistimos, con angustia y perplejidad, a un cambio de régimen: dejamos atrás el periodo democrático y nos adentramos a un sistema de dominación hegemónico. Volvió el agua a su cauce. Regresamos al sistema de dominación autoritaria. “Si Kafka hubiera nacido en México, sería un escritor costumbrista”, dijo, según Gabriel Zaid, Alejandro Palma Argüelles).

El guardián le dice: “Si tanto te atrae, intenta entrar. Pero yo soy poderoso. Y solo soy el más ínfimo de los guardianes. En cada sala hay otros guardianes, cada uno más poderoso que el anterior. Ni yo puedo soportar la mirada del tercero”.

“Ante la ley” es un cuento o parábola inserto dentro del cuerpo de la novela El proceso, que fue por primera vez publicada un año después (1925) de la muerte de Franz Kafka. Es muy probable que la haya escrito, de acuerdo a sus Diarios, en diciembre de 1914, al comienzo de lo que nosotros conocemos como Primera Guerra Mundial. Es una parábola escrita a la manera de las que abundan en la literatura talmúdica.

(La clausura del periodo democrático ocurrirá cuando se cumpla la reforma judicial que promueve el presidente, cuyo propósito central es, lejos de dar mejor justicia a la gente común, que desaparezcan los controles sobre el gobierno. Que nada limite los cambios que puedan hacer. Que si el gobierno morenista viola la ley, con jueces a modo morenistas, no haya forma de impedirlo, porque será por “el bien del pueblo”).

Tales dificultades no las esperaba el hombre; la Ley tendría que ser accesible para todos y siempre, piensa, pero cuando mira ahora con más atención al guardián decide que es mejor esperar hasta que reciba el permiso de entrada.

Esta parábola está escrita en la tradición literaria de corte judío. “A pesar de todas las contradicciones que exhibe respecto a la ‘cuestión judía’ o al sionismo, Franz Kafka era un buen conocedor del Antiguo Testamento”, escribe Jordi Llovet en las notas de las Obras completas I (Galaxia Gutenberg, 1999). En El proceso, al terminar de contar “Ante la ley”, que Kafka calificaba como leyenda, sigue una larga y fascinante exégesis de la parábola, en la mejor tradición talmúdica.

(La aprobación de la reforma, dice el ministro Luis Miguel Aguilar, implica la pérdida de independencia del Poder Judicial. La afectación más grave se dará en el ámbito de los derechos humanos. Con un aparato de justicia sesgado estaremos bajo el control casi absoluto del gobierno en turno. Otra ministra, Margarita Ríos Farjat, ha escrito que “la elección directa de jueces no garantiza en lo más mínimo la pureza de los mismos. Al contrario. Actualmente por lo menos se tutela el derecho humano de la población al contar con una Judicatura independiente y profesional”).

El guardián le da un taburete y le permite sentarse a un lado de la puerta. Allí se sienta el hombre, días y años. Hace muchos intentos para que lo deje entrar y cansa inútilmente al guardián con sus súplicas. Con los años ha llegado a conocer hasta las pulgas del guardián, por lo que le pide a las pulgas que le ayuden y lo ablanden.

Kafka describió en sus obras la lucha de un hombre común que padece los poderes de una autoridad omnímoda, burocrática, vertical y aplastante. Se ha dicho que sus cuentos profetizaron las sociedades burocráticas totalitarias. Se dice que es el más profundo crítico de la autoridad de una época que Kafka representa y define.

(El instituto encuestador Latinobarómetro reportó que en México el 56 por ciento de las personas votarían por quien resolviera sus problemas, aunque violara la ley. ¿Los mexicanos votaron mayoritariamente el 2 de junio por alguien que viole la ley? Mejor dicho: votaron por alguien que pueda acomodar la ley a su gusto).

Antes de su muerte el hombre le hace una pregunta. El guardián tiene que agacharse mucho hasta él. “Todos aspiran a la ley —dice el hombre— pero, ¿cómo es que en todos estos años nadie, excepto yo, ha pedido la entrada?”.

(Será inmenso el poder concentrado en una sola persona, de la que dependerán los poderes Legislativo y Judicial, las Fuerzas Armadas y los medios masivos de comunicación. Lo podrá emplear para bien, o no. Compartirá ese poder, o no. Respetará los derechos humanos, o no. Dependerá ya no de la ley sino del capricho).

El guardián comprende que el hombre está muriendo. Para que lo escuche bien, le grita: “Esta entrada estaba destinada solo para ti. Ahora me voy y la cierro”.